martes, 22 de junio de 2010

La pelota no dobla pero Argentina gana igual (Jornada)



La selección argentina se está acostumbrando a atravesar todo tipo de dificultades en este Mundial, desde una inentendible pelota que viborea y pica para cualquier parte, o un árbitro como el uzbeco Ravshan Irmatov, que no castigó algunas entradas violentas de los jugadores griegos, especialmente a Lionel Messi, pero en este Mundial parece iluminada y así pudo imponerse por 2-0 ante los helénicos y avanzar sin problemas a los octavos de final, con puntaje ideal en el Grupo B y ahora espera México.

El equipo argentino sigue creciendo, si bien se repite la idea original acerca de que no ha jugado aún contra ningún rival que ose atacarlo, o desafiarlo a un mano a mano, a un cierto nivel de paridad, y entonces todo queda reducido a lo que hagan los de Diego Maradona, quien encontró, según parece, el equilibrio que no tuvo en ningún momento desde que tomó inesperadamente la conducción hace poco más de un año y medio.

Por eso, llama la atención que en la conferencia de prensa, y para referirse a la pelota, el técnico argentino haya parafraseado a su ex amigo y enemigo Daniel Passarella por aquello de “la pelota no dobla” y haya utilizado el ejemplo de Bolivia para mostrar la diferencia de calidad con el seleccionado de ese país. Porque no hace tantos meses, los del altiplano asestaban a su equipo un lapidario 6-1 en La Paz. “No somos Bolivia”, sostuvo Maradona, quien volvió a cargar contra Michel Platini, Pelé y Beckenbauer “para que hablen menos de mí y se preocupen más por la pelota porque es imposible. Este será un Mundial sin cambios de frente porque la pelota va hacia cualquier parte”.

¿Era sólo una referencia a lo mal que funcionan los balones “Jabulani” en este torneo o había algún tiro por elevación a quien se encarga de los cambios de frente en esta selección, Juan Sebastián Verón, quien más allá de su indudable calidad y algunos pases magistrales, no se ve en un nivel físico adecuado para el ritmo requerido en una instancia semejante?

Los próximos días se verá si Maradona, equilibrado como parece ahora, al contrario de todo el ciclo, recurre a cambios o deja todo como está, pensando en el partido de octavos de final ante México en Johanesburgo el próximo domingo.

Por lo pronto, este Mundial le sonríe. No sólo a Gonzalo Higuaín se le abrió el arco, sino que ahora entra Martín Palermo a los casi treinta y siete años, y a nueve minutos del final, y define muy bien un rebote dado por el muy buen arquero Tzorvas tras un gran remate de Messi, a quien se le niega el gol, pero responde con un fútbol de alta calidad en cada resquicio que aparece. Hasta Martín Demichelis tiene la oportunidad inmediata de redimirse luego del error ante Corea del Sur.

Otra gran noticia es la respuesta de Javier Pastore, a quien con ingenio Maradona describe como un “maleducado del fútbol” por su forma de encarar, de eludir y por querer jugar siempre a la pelota. Su ingreso fue decisivo en el resultado porque el equipo encontró el toque asociado que no tuvo cuando el sistema tuvo por la derecha a Maxi Rodríguez y todo dependió de la lámpara que frotara el genio de Messi y que Milito tuviera alguna oportunidad para matar.

Con Pastore, Argentina juega y tal vez sea el momento de que Maradona reconsidere colocarlo entre los titulares para dotar aún de más técnica a un equipo que desborda de recursos y posibilidades.

México no es Grecia. Aún perdiendo ante Uruguay, los de Javier Aguirre son más peligrosos y tienen ahora una triple motivación, como la de pasar a cuartos de final, vengarse de aquella derrota de hace cuatro años en la misma instancia cuando aquel golazo impresionante de Maxi Rodríguez, y lo que singifica imponerse a la selección argentina desde lo cultural.

Maradona sabe que no puede equivocarse y que no hay margen de error de ahora en más, cuando el Mundial se pone serio y entra en su etapa definitiva y por eso se guardó, con acierto, algunas cartas (Mascherano, Tévez, Higuaín).

Sabe, porque percibe y conoce como pocos a la sociedad argentina, que ya será complicado frenar el estado creciente de euforia y expectativa, a la vista de lo que hay y de lo que puede venir, luego de años de sequía.

Es el momento de analizar bien cada paso y de apostar al buen fútbol, ese que no asoma tanto en Sudáfrica, pero que no parece afectar a los suyos, que ganaron con claridad los tres partidos que jugaron y que saben, sienten y entienden, que son favoritos. Así lo indica la historia y así lo muestra el presente.

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