sábado, 5 de julio de 2014

¿Cuántos minutos de Messi? (Volkstrat)



¿Cómo está jugando Lionel Messi en este Mundial? ¿Bien, muy bien, regular, mal, muy mal? ¿Excelente, por ser el autor de cuatro goles en cuatro partidos y todos ellos decisivos, o el de los pases magistrales en el momento preciso para que definan otros, como Angel Di María ante Suiza cuando ya se acercaban los penales en los octavos de final?

Es una pregunta difícil, porque el criterio para responder es subjetivo. Depende de muchas cosas pero sí hay algo seguro: Messi ha sido decisivo siempre, en cada uno de los partidos y también hay algo importante en un cambio cualitativo: ha decidido regular y participar lo justo, evitando así un desgaste mayor.

Muchos podrían decir que éste no es el Messi espectacular en continuidad que veíamos en el Barcelona hasta hace dos temporadas, capaz de las jugadas más desopilantes. Es cierto. Pero también lo es que ha madurado, que es otra persona, que se ha hecho líder en un vestuario y que se ha casado y ha sido padre de un niño. Nadie es igual que antes. Siempre hay algo que nos hace cambiar.

El tema de cuánto rinde y cómo juega Messi, lo venimos debatiendo hasta el hartazgo con una serie de colegas, pero quien más lo conoce es sin dudas el periodista catalán residente en Londres, Guillem Balagué, autor del resonante éxito del libro “Messi”, luego de haber escrito otro sobre Josep Guardiola (“La otra forma de ganar”).

Balagué sostiene que no es que Messi juegue peor, o menos que antes, sino que “sabe que hay cuatro o cinco jugadas en los partidos en las que deberá aparecer y definir él, o hacer definir a los compañeros, y a eso juega. Y también a eso juega la selección argentina”.

Algunos creen que Messi está demasiado solo, que no tiene mucha compañía, con el enorme cansancio que arrastra Angel Di María desde su final de temporada con el Real Madrid, el mal momento de Gonzalo Higuaín o la lesión algo inesperada (para algunos, no para otros ni para quien esto escribe) de Sergio Agüero.

Quien también lo conoce mucho es Fernando Signorini, preparador físico que trabajó como personal trainner de Diego Maradona en el pasado, y se dio el lujo de serlo de la selección argentina del Mundial 2010 en Sudáfrica, cuando el genio de México 1986 era el entrenador y Messi, jugador.

Signorini suele relativizar mucho todo, acaso apelando a aquella frase de otro genio, el colombiano Premio Nobel de Literatura recientemente fallecido Gabriel García Márquez acerca de que la memoria suele ser selectiva y aparta del recuerdo lo que no nos terminó de gustar o lo que nos resultó desagradable por alguna razón.

Por eso, mucha gente insiste en que en el último Mundial ganado por Argentina, la selección albiceleste “era un equipazo”. “En aquel torneo glorioso para Maradona, en verdad sus grandes jugadas, lo que retenemos no pasa de quince minutos totales”, insiste Signorini, quien de esta manera se acerca a los conceptos de Balagué en cuanto a que el crack del Barcelona ya no necesita tener todo el tiempo la pelota para ser una estrella.

Pero entonces, ¿qué queda de aquél muchacho atrevido, capaz de eludir a tantos adversarios, acelerar y marcar goles históricos y únicos? Tal vez, la huella, la base de lo que hoy es un jugador maduro, que administra los tiempos de otro modo.

O tal vez, como Signorini, sepa desde ahora, por la mentalidad argentina, que dentro de veinticinco años serán mayoría, si el equipo gana la Copa del Mundo, que dirá “ese sí que era un equipazo, con un Messi sensacional”.


Todo es relativo.

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