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jueves, 11 de junio de 2015

Entre la fiesta del fútbol y la sombra de la corrupción (Jornada)


                                   

                                     DESDE SANTIAGO DE CHILE

Pasaron cuatro años desde la Copa América de Argentina y sin embargo, la sensación es la de haber transcurrido una década para que el fútbol sudamericano se reencontrara ahora en esta convulsionada ciudad con paros de transporte y atenta a la recepción de turistas para la inauguración de un nuevo certamen continental con más preguntas que certezas.

Entre los grandes interrogantes aparecen los futbolísticos y los institucionales, esta vez sin tanta distancia entre sí, porque esta Copa América que vuelve a Chile después de 24 años, se juega a muy pocos días de que se haya descabezado la FIFA, y con algunos encumbrados dirigentes de la Conmebol presos o con causas con la Justicia estadounidense o suiza, y hasta otros, ligados a los medios de comunicación, que tenían derechos de transmisión vendidos, buscados directamente por la Interpol.

Es en este contexto de enorme irregularidad, que bien pudo paralizar el torneo hasta tanto se aclarara la situación, es que el fútbol tratará de encontrar su lugar, a partir de los grandes cracks que estarán presentes en el torneo, muchos de ellos ubicados en el nivel top del mundo, como los barcelonistas Lionel Messi, Neymar, Javier Mascherano y Claudio Bravo, como ejemplo de tantos que de la mayoría de los doce equipos (los diez del continente y los dos invitados, México y Jamaica, de Concacaf) participan en las grandes ligas europeas.

Para la selección argentina, que debuta el sábado próximo en La Serena ante la de Paraguay, que ahora dirige Ramón Díaz, será el debut oficial de Gerardo Martino como entrenador y una vez más, el inicio de un sueño por conquistar un título de mayores que se le niega desde hace 22 años, cuando dos generaciones atrás, con Alfio Basile de director técnico, ganaba la Copa de Ecuador.

Lo dijo nada menos que Messi en la conferencia de prensa de ayer en La Serena. Aunque reconoció que llega mejor que para el Mundial de Brasil 2014, este equipo argentino necesita ganar algo porque sería muy triste que tantas estrellas tan destacadas en el plano internacional, vayan bajando la cuesta, por una cuestión de edad, y acaben sus carreras sin estrellas con la albiceleste.

No siempre la selección argentina tendrá un ataque tan temible cono el que posee ahora, aún cuando Angel Di María llega sin haber tenido continuidad en el Manchester United, pero con el mejor jugador del mundo en sus filas, con tres “nueves” según la visión de Martino (Sergio Agüero y Gonzalo Higuaín), y una cantidad de importantísimos jugadores en todas sus líneas.

Tanto es así, que Mauricio Soria, el director técnico de Bolivia, tuvo que resignarse y admitir que ante el equipo argentino, en el amistoso del sábado pasado en San Juan “hemos tenido un duro golpe con la realidad”, marcando la enorme diferencia existente entre los dos conjuntos, con un 5-0 rotundo.

Pero el equipo argentino no es el único que llega con ambiciones. Chile, a la que se le ha negado siempre este título continental, cree tener (y es probable que tenga razón) la mejor selección de su historia, con un jugador de peso internacional en cada línea, desde su arquero Claudio Bravo, el defensor Gary Medel, el volante Arturo Vidal y el delantero Alexis Sánchez.

Si bien eso no significa que tenga garantizado nada, este hecho y su papel en el pasado Mundial, en el que casi elimina al propio Brasil en octavos de final tras dejar una muy buena imagen, lo proyectan como candidato, por el apoyo que además tendrá de su público. Por eso es muy importante su debut de hoy a las 20,30 en el no siempre bien recordado Estadio Nacional (lugar de torturas y detenciones durante la dictadura pinochetista) ante un Ecuador, dirigido por otro argentino, Gustavo Quinteros, que deja muchos interrogantes.

Jorge Sampaoli, otro de los seis (el cincuenta por ciento) directores técnicos argentinos, y responsable de “La Roja” local, es cuestionado por algunos medios, que creen que se ha convertido en pragmático luego de explicar que por la experiencia en Brasil 2014 a veces hay que retrasarse unos metros para buscar otras variantes. Otros, en cambio, confían plenamente en su trabajo.

Quinteros, en cambio, dejó en claro en su conferencia de prensa de ayer que Ecuador no viene a esta Copa con el objetivo de ganarla porque apunta todo a la clasificación mundialista, una manera de ir abriendo el paraguas por si las cosas no funcionan como se pretendía.

Otras dos incógnitas, aunque también candidatos por peso y por historia, representan Brasil y Uruguay, en una etapa nueva el primero, con un trabajo de su nuevo director técnico, Dunga, que tendrá una segunda oportunidad en este ciclo, y que apela mucho más al orden táctico y la verticalidad, que al fútbol tradicional y vistoso de los verdeamarillos, que han sacado muy buenos resultados en los amistosos y que tratan a toda costa de olvidar rápidamente el desastre de su Mundial.

Uruguay, en cambio, representa una continuidad de su director técnico, Oscar Tabárez, sin dudas el más longevo de todos en cuanto a su tiempo de trabajo en la “Celeste”, pero que ya no contará con la generación de Diego Lugano y Diego Forlán, y tampoco con el gran goleador Luis Suárez, que debe seguir pagando su larga suspensión por aquel episodio de la mordida con Giorgio Chiellini en Brasil 2014.

Uruguay es el seleccionado con más Copas América ganadas (15 contra 14 de Argentina) y es el vigente campeón, y siempre acaba peleando los títulos, esta vez, en el mismo grupo que Argentina, junto con Paraguay y Jamaica.

El otro candidato es sin dudas Colombia con otro argentino, el ya muy conocido José Pekerman, que sigue con su idea de fútbol creativo en los pies de talentos como James Rodríguez, Teo Gutiérrez y con el tan esperado regreso al primer plano, tras su lesión, de Radamel Falcao García.

El torneo cuenta además con la peculiaridad de los seis directores técnicos argentinos, porque a los cinco mencionados hay que sumar a Ricardo Gareca en la selección peruana.

Uno de los dilemas para la ceremonia inaugural de esta noche en el Estadio Nacional, que contará con la canción “El Corazón del Fútbol”, el himno oficial cantado por la banda “Noche de Brujas” es poder demostrar un atisbo de normalidad en un contexto que no lo es, a partir de los graves problemas en los que se debate el fútbol continental.

Tal vez por eso, la organización de la fiesta se decantó por un típico trabajador chileno, que se encuentra con un balón, y que al patearlo va disparando a las distintas sedes del torneo, sumado a la pirotecnia.

La idea, nos cuentan, es mostrar un país tecnológico y un continente innovador, aunque no parece que marche por esos carriles mucho de lo organizativo, con las instituciones descabezadas y muchos dirigentes escondidos para no tener que dar explicaciones al asunto con FIFA o la compra de derechos con coima para esta Copa, y las siguientes de 2016, 2019 y 2023.

Si hasta el propio Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, salió a decir en la reunión del Grupo de los 7 en Elmau, Alemania, que la FIFA debe tener una mayor claridad en su funcionamiento, ¿cómo no pensar que su país está intentando quedarse con un gran torneo en un futuro próximo?

No sólo Obama habló en Alemania, sino también Angela Merkel (Alemania) y David Cameron (Gran Bretaña) con lo que queda claro la importancia que va tomando el fútbol en el mundo, y los focos del planeta, desde hoy, estarán puestos en Chile y hasta habrá que ver cuál es la recepción del público a la presidente Michelle Bachelet en la ceremonia inaugural, máxime con el antecedente de Dilma Rousseff en el Mundial pasado, y cuando aquí se habla del hartazgo de la gente con su muy criticada clase política.

La gran pregunta es si el fútbol, una vez más, alcanzará a tapar todos los hechos irregulares que rodean a esta Copa y si podremos ver otra vez, como en 1991, en este mismo lugar,  a la selección argentina levantando la Copa.


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