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lunes, 2 de junio de 2014

Una larga lista de historias de excluídos



Llegó la hora de la siesta y Diego Maradona entró a la habitación que compartía con Ariel Ortega, y se sorprendió de encontrar a éste tapado con su sábana hasta la cabeza. En ese momento le vino al recuerdo cuando él mismo, 16 años antes, junto a Humberto Bravo y Víctor Bottaniz, debió escuchar de su director técnico, César Luis Menotti, que no estaría en el Mundial de 1978.

Menotti llegó a explicar, en el caso de Maradona, que éste era “joven e inexperto”, aunque ese mismo año llegaría a marcar 25 goles en el torneo argentino. Así, le quitó al rey del fútbol de 1986 la chance inmensa de ganar otro Mundial como local, con 17 años, y competir mano a mano con Pelé para ser el mejor de la historia de las máximas citas futboleras.

Acaso por eso, y porque recordó cuando dos años y medio más tarde tonó fuerzas para decirle al mismo DT que “lo pensaría” al ser citado para el Mundialito de Uruguay, que significaba perderse las semifinales del Nacional con Argentinos Juniors, y aunque Menotti le advirtiera que “no podía asegurarle” un lugar entonces para España 1982, que decidió calmar a su joven compañero que esperaba la lista de Alfio Basile para el Mundial de Estados Unidos 1994, y rompiendo el secreto acordado con los referentes, le dijo “quedáte tranquilo, burrito, que vos no sos”.

Y no era. Iba a ser Leo Franco, y su madre estallaría desde Córdoba por los medios, horas más tarde, culpando a Maradona por la decisión de Basile, quien había transpirado al confeccionar una lista que difería en bastante de lo que aspiraba apenas meses antes cuando “se emborrachaba con las Copas América”, como declaraba el mismo Maradona que luego jugaría y sería excluído del Mundial por lo que para la FIFA fue un doping por haber ingerido “un cóctel de sustancias”, que luego no fue probado.

Desde que existen los canales de TV especializados en deportes y las radios multiplicaron sus espacios dedicados al fútbol, una información que antes era apenas un pequeño espacio, terminó convirtiéndose casi en un asunto de Estado.

Pocos recuerdan que en las viejas “Listas de 40” jugadores, la previa a la de “los 22 definitivos”, que requería la FIFA en el pasado, un tal Ricardo Bochini estuvo cuatro veces (1974, 1978, 1982 y 1986) y sin embargo, sumó muy pocos minutos en la historia de los Mundiales y hasta afirmó que no se sentía campeón, por no haber sido casi tenido en cuenta en México.

Es que Bochini tampoco iba a estar en la lista, como en los tres Mundiales anteriores, y cuando el DT Carlos Bilardo llevó su lista de convocados a la AFA, de allí siguió viaje al country de Estudiantes de La Plata en City Bell para brindar con Miguel Russo, Marcelo Trobbiani y Alejandro Sabella, pero el primero y el tercero descubrieron al día siguiente que no estaban en la lista. Habían sido reemplazados por el veterano crack de Independiente y por Carlos Daniel Tapia. Uno por ser del mismo club e ídolo del mandamás de la calle Viamonte. El otro “porque tenía que haber alguien de Boca”.

Los caprichos y las cuestiones políticas siempre jugaron un papel en las listas mundialistas. Para el Mundial de 1978, y pese a la presión de los medios y de muchos hinchas de todos los equipos, Norberto Alonso no iba a estar convocado, pero a último momento irrumpió el hombre fuerte del torneo, el contraalmirante Carlos Lacoste, y lo impuso con su bota militar, lo que pudo haber incidido en la salida de Maradona, aunque Menotti casi no lo tuvo en cuenta y tampoco lo ayudó una lesión.

Boca Juniors fue campeón intercontinental meses después de ese Mundial, pero no tuvo un solo representante en la selección argentina. El único posible, Alberto Tarantini, había quedado en libertad de acción. “(Vicente) Pernía es triste, (Jorge) Olguín es alegre”, decía el cómico Mario Sappag, imitador de Menotti en la TV, que aparecía con un cigarrillo entre cada uno de los dedos de las dos manos. Tampoco Roberto Mouzo fue tenido en cuenta para el torneo y sí Luis Galván o José Daniel Valencia, del que Menotti dijo tras una sensacional gira europea de Maradona, que estaba “en un nivel superlativo”, a modo de balance, al arribar a Ezeiza.

Alberto Brailovsky todavía se lamenta por haber quedado fuera del Mundial 1982 en España y nunca se lo perdonó a Menotti, como le contó dos décadas más tarde a este cronista, y aún se pregunta qué fue lo que pasó, porque era una de las figuras de aquél momento.

Ni en México 1986 ni en Italia 1990 estuvo Ramón Díaz, aquél compadre de Maradona en el Mundial juvenil de Japón en 1979, aunque era ya una figura del fútbol italiano primero, y francés después. El gran esperpento se vivió en la Residencia Presidencial de Olivos antes de la cita italiana, cuando todo el periodismo se acercó para preguntarle al entonces presidente Carlos Menem, riojano como Díaz, si había alguna chance de que su coprovinciano fuera llamado. “Ninguna. Lamentablemente Diego le bajó el pulgar. Lo llamé a Nápoles pero no hay nada que hacer”, dijo Menem, con Bilardo, el director técnico, sentado a su lado, impertérrito.

Para Italia 1990 tampoco estuvo Alberto Márcico, otro crack que para retirarse años más tarde del Toulouse, tuvo que sacarse la camiseta, dar una vuelta olímpica saludando a su público, y su familia lo esperaba en su casa con las maletas hechas como para abordar el aeropuerto y volar inmediatamente a Buenos Aires y firmar para Boca, el club de sus amores.

“¿Ustedes son argentinos? ¿Les puedo preguntar por qué no está aquí Marcicó?”, nos preguntaba un señor maduro, con gran cabeza y una importante papada, con acento francés, cuando, circulando atrás del colega Jesús Ferro y quien esto escribe, notó nuestro acento argentino en pleno centro de prensa “Gaetano Scirea”, en Roma. Contó que lo deleitaba cada partido, que era de Toulouse, y que no creía que el equipo de Bilardo tuviera en el certamen ningún jugador como él, salvo Maradona, claro. Se presentó como “Mr. Just Fontaine”, nada menos que el máximo goleador de un Mundial en la historia (13 en Suecia 1958).

Siempre hubo decisiones polémicas, desde aquel lejano 1934, cuando la selección argentina concurrió a Italia con un equipo compuesto de ignotos jugadores, y en cambio cuatro “oriundos” (Guaita, Orsi, Monti y Demaría) terminaron siendo campeones en los locales, o cuando para 1958, se decidió prescindir nada menos que de Maschio, Angelillo y Sívori, el tercero campeón sudamericano 1957 con los “Carasucias” en Lima, porque “se habían ido” a Europa, y lo mismo que de Alfredo Di Stéfano, que brillaba en el Real Madrid.

Para Alemania 2006 también hubo polémica. José Pekerman decidía no convocar como lateral derecho a Javier Zanetti, aunque nunca lo haya explicado, y no para llamar precisamente al otro lateral derecho destacado, Hugo Ibarra, sino para colocar marcadores centrales en el puesto, mientras que Martín Demichelis, que jugaba en el local Bayern Munich, dijo que “no tenía sentido vivir” al conocer su desafectación, y otro que tampoco fue tenido en cuenta fue el arquero Germán Lux, titular en el equipo que un año antes había sido finalista de la Copa de las Confederaciones, y dos años antes, del campeón olímpico de Atenas, que en seis partidos, no había sufrido goles. ¿No merecía un lugar siquiera entre los tres en su puesto? Fue reemplazado por el entonces joven Oscar Ustari, de Independiente, como Julio Grondona.

Se dijo que en la concentración argentina de Boadilla del Monte, cerca de Madrid, el entrenador de entonces insinuó que Pablo Aimar podía ser uno de los excluídos, y a los pocos días, Juan Román Riquelme decidió viajar a Buenos Aires para acompañar a Marcelo Delgado, a quien se le había muerto el padre. De esta manera, el “diez” de Boca se ausentó de la concentración. Pekerman entendió el mensaje, y Aimar viajó a Alemania.

Cuatro años más tarde, Maradona, ya como entrenador, citaba a Diego Pozo y a Ariel Garcé, de Colón, y al veterano Martín Palermo, de Boca, para Sudáfrica. Las explicaciones no abundaron, como ahora ocurrió primero con el corte en el que ya Carlos Tévez quedó sin chances, aunque su situación era clara: nunca había sido convocado desde que Alejandro Sabella había asumido como DT.

El entrenador siempre dio respuestas ante cualquier pregunta sobre jugadores no convocados, aunque con Tévez usó siempre la misma respuesta: “El grupo está cerrado”. Una diferencia clara. Luego, comenzó a decir lo que Vicente Del Bosque en España: “Sería faltar el respeto a los que no están. No puedo hablar”.


El fútbol es el deporte más popular de los argentinos, y aunque la frase “El pueblo quiere saber” se aprende desde el colegio primario, lo que siempre faltó en las convocatorias, es información clara. La constante fueron los supuestos, rumores y versiones. No podía ser diferente ahora con Ever Banega, Nicolás Otamendi y José Sosa, haya sido justo o no.

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