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domingo, 1 de junio de 2014

¿El Mundial de Messi? (Yahoo)



Fernando Signorini, el preparador físico de la selección argentina en varios mundiales y también ex personal trainer de Diego Maradona, cuenta que antes de comenzar la máxima cita en México 1986, se acercó una mañana, con los periódicos en la mano, a la habitación que compartían Diego Maradona y Pedro Pasculli en la concentración del club América.

Con picardía, se dirigió a Pasculli desde la puerta, pero con la intención de que Maradona oyera el diálogo. “¿Te diste cuenta, Pedro, de que nadie se hace cargo de ser la estrella de este Mundial? Ni Platini, ni Zico, ni Rummenigge dicen que quieren ser la figura. Será un Mundial mediocre”.

Al día siguiente, Signorini sonrió cuando volvió a leer los diarios y aparecía Maradona diciendo con énfasis “Éste será mi Mundial”. Deterninado para que así fuera, terminó sucediendo.

¿Está Messi en esta misma situación para Brasil 2014? El supercrack del Barcelona no suele manifestarse con declaraciones, sino que lo suyo va más por dentro, y sólo habla en los campos de juego, aunque desde que comenzara la temporada 2013/14, fue evidente que su gran objetivo pasaba por la Copa del Mundo.

De hecho, un artículo del periodista Rodolfo Chisleanschi en el diario madrileño “El País” generó una enorme polémica. Se titulaba “Olvídense de Messi” y se refería a que si bien todo le importaba al argentino (Liga, Copa, Champions) nada era equiparable con su gran meta.

No es sólo el hecho de que Messi ya haya jugado dos Mundiales anteriores, sin haber podido sobresalir lo suficiente. En 2006 era muy joven, no tenía ascendiente en el grupo, y el entrenador José Pekerman no lo incluyó en el partido clave ante Alemania, en cuartos de final, en una polémica decisión que influyó notablemente en la eliminación albiceleste. En 2010, tuvo a un Maradona que no estaba preparado para ser el DT y tampoco le dio el respaldo suficiente y hasta con la insólita frase “Mascherano y diez más” para referirse a su equipo.

Este Messi ya no es el mismo. Más maduro, con una década vistiendo la camiseta del Barcelona, padre de familia, con cuatro Balones de Oro y una vitrina llena de títulos, no es el chico cerrado de los primeros años, y en el vestuario tiene mando no por la voz (que jamás necesitó) sino por sus actos y porque está rodeado de sus amigos y todo el esquema de juego gira a su alrededor.

Messi sabe que éste debe ser su Mundial por edad, la ideal para un futbolista (cumplirá 27 años en pleno torneo, el próximo 24 de junio), por trayectoria, por la seguridad con la que transita por las canchas y porque, por fin, se acondicionó todo para que se sienta absolutamente cómodo porque su entrenador, Alejandro Sabella, entendió que así debía ser.

Ni Maradona en México 1986 gozó de tantas ventajas anímicas. Si bien el entrenador de entonces (ahora manager) Carlos Bilardo, le quitó la capitanía a Daniel Passarella en una medida polémica, para dársela al “diez”, en aquél equipo había un grupo de jugadores que no respondía a las necesidades anímicas del crack (el propio Passarella, Ricardo Bochini, Jorge Valdano y algún otro), mientras que ahora, todos los jugadores cuentan con el OK del genio.

Este Messi cambió también durante los últimos dos años y medio. Desde el partido en barranquilla ante Colombia, cuando la selección argentina dio vuelta el resultado por la clasificación mundialista, en medio del calor y la humedad y con el público en contra, comenzó a sentirse muy cómodo con el equipo, al punto de sentirse aún mejor que en el Barcelona. Tampoco hubo polémicas para cederle la cinta de capitán y el anterior, Mascherano, se manifestó de acuerdo cuando fue consultado por Sabella.

Ya no hubo necesidad de utilizar el “inflador psicológico” como antes en cada regreso a Cataluña luego de jugar con su selección, cuando Carlos Tévez era el símbolo mediático de los argentinos y él era visto casi como un extranjero en su tierra.

Hoy Messi es la gran esperanza de los aficionados argentinos, y su rostro inunda los afiches en las calles y las publicidades en TV y en los medios gráficos como el líder que puede llevar, por fin, a ganar un Mundial con su selección, después de 28 años.
¿Con qué equipo argentino se encontrará Messi? Con un estilo mucho más cercano al Real Madrid que a su Barcelona. El conjunto de Sabella juega con el error del rival y mata de contragolpe, aunque no le escapa a la posibilidad de la posesión. El problema es que parte de aceptar jugar sin un armador de juego, posición que insólitamente escasea en un fútbol con una enorme tradición. Acaso pudieron ocupar ese lugar Javier Pastore o Andrés D’alessandro, pero si no, el mejor sigue siendo el muy veterano Juan Román Riquelme, de 36 años y de escasa regularidad.

Una de las grandes incógnitas de la selección argentina pasa por el estado de los dos volantes de recuperación. Javier Mascherano, porque debe adaptarse a jugar como volante tras mucho tiempo como defensa central en el Barcelona, y Fernando Gago por no haber sido regular y no haber estado nunca a su nivel en Boca Juniors, en la pasada Liga. Sabella medita un 4-3-3 para la primera fase, pero no hay que descartar un 4-4-2 en algunos momentos de los partidos decisivos, con la entrada de Maxi Rodríguez.
Otra incógnita es si la defensa podrá ser lo suficientemente sólida como para soportar los ataques rivales porque en el conjunto argentino hay poca gente para la recuperación en el medio. Sabella apostó por la continuidad de la dupla Federico Fernández-Ezequiel Garay, pero ahora convocó a Martín Demichelis para que aporte experiencia y una salida más clara con balón dominado.

Y la tercera incógnita es la del arquero. Habiendo algunos de la talla de Willy Caballero (Málaga), Marcelo Barovero (River Plate) o Agustín Marchesín (Lanús), Sabella prefirió mantener los que trabajaron con él desde el inicio de su ciclo, y Sergio Romero tiene todas las fichas para ser titular, aunque haya atajado muy poco en su club, el Mónaco.

Pero los focos y los flashes, cuando la selección argentina debute ante Bosnia Herzegovina el próximo 15 de junio en el estadio Maracaná de Río de Janeiro, irán hacia Messi, el mejor jugador del mundo, y en el que los argentinos depositan, con absoluta lógica, todas sus esperanzas.


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